La joya de Gaia brilla con fulgor, el Sol arranca reflejos a la hierba. Mi corazón encuentra el camino al cielo, y mis pies sin embargo, sienten el placer de la tierra.
Saltar por encima de tus pensamientos, mordisquear tus talones mientras huyes, dejarme acariciar mientras te hipnotizo, incendiar tu corazón con mi presencia.
Para que la herida siga abierta hay que rasgarse la piel, retorcerse las manos, huir y volver de lejos, pero sobretodo estar dispuesto a dejarse morir.